Arts Publications
Topic: RSS FeedOchenta años de la Sonora Matancera
Latin Beat Magazine, March, 2005 by Cristobal DÃaz-Ayala
Ochenta años de la Sonora Matancera José Portaccio Fontalvo Bogotá, Colombia, 2004 ISBN 958 96535 8 8
No existe agrupación musical en lo clásico o en lo popular con una historia mas documentada que la Sonora Matancera, ni tampoco existe admiración o pasión mayor por una orquesta de otro paÃs, que la que sienten los colombianos por la Matancera. Hay cinco libros escritos sobre este grupo, y cuatro de ellos están escritos por colombianos, sin contar que de las tres biografÃas escritas hasta ahora sobre Celia Cruz, dos de ellas son tambien de autores de ese paÃs y en todas se habla extensamente del popular conjunto. ParecÃa que no habÃa mas que decir sobre el famoso grupo, pero Portaccio ha producido un libro de 384 páginas.
Para hacerlo, el autor ingeniosamente se extiende sobre todo lo que tenga que ver con la Sonora de una manera u otra. Asà dedica varios capÃtulos a las historias de la provincia y de la ciudad de Matanzas, a todos los intérpretes, orquestas, géneros musicales y a canciones alusivas a ella, surgidas en esa parte de Cuba. Asà cubre las primeras sesenta y cuatro páginas del libro. Es de todas maneras información interesante para melómanos.
Hacer una narración cronológica de la Sonora, serÃa repetir lo hecho por otros autores y Portaccio no comete ese error; sino que en forma amena va tocando tópicos relacionados en mayor o menor grado con la Matancera. Al hacerlo, usa profusamente referencias tomadas de entrevistas hechas por el u otros escritores a los miembros del grupo o a personas relacionadas con éste en alguna forma. Esto le da pluralidad de voces y opiniones, muchas veces opuestas que hacen el libro interesante, casi postmodernista.
Ademas, el autor ha escuchado intensamente a la Sonora, como lo demuestra en el capÃtulo llamado "La guitarra de Rogelio MartÃnez si suena" en que para aparentemente defender a este del cargo de tocar una guitarra silenciosa, el autor señala seis casos en que la muda guitarra suena aunque sea en unos breves arpegios, con lo que ironicamente prueba que si suena esa guitarra, aunque muy poco ...
Igual análisis hace de la intervención en la orquesta de solistas como JoaquÃn Mora en el bandoneón o Avelnio Muñoz en el órgano, entre otros. Esto representa cientos de horas dedicadas a escuchar y analizar la música. Entra despues en una breve referencia discográfica a los distintos sellos para los que grabó la Sonora. Es una lastima que el autor no haya consultado nuestra "DiscografÃa de la música cubana", accesible desde 2002 en internet, http://gislab.fiu.edu/SMC/discography.htm. Allà hubiera podido encontrar las verdaderas "primeras grabaciones", tema que tanto apasiona a los melómanos. Por ejemplo, en la página 89, la primera grabación de Daniel Santos con la Sonora para el sello Panart es la mencionada por RamÃrez Bedoya, Se vende una casita y no otras.
Al acucioso autor, cuando analiza las menciones a los integrantes de la orquesta en la versión grabada en vivo que hace Daniel Santos de la guaracha Almorzando con la Sonora, le llama la atención que Daniel le endilga un segundo apellido a los músicos, y es que Daniel usa los apellidos de los ministros del gabinete del Dr. Carlos PrÃo Socarrás, a la sazón presidente del paÃs: Varona corresponde a Tony Varona, primer ministro, Hevia es Carlos Hevia, ministro de estado, y asià sucesivamente. Daniel incluyó a la pareja de cómicos argentinos Dick y Biondi que eran muy populares en Cuba, para darle sendos ministerios.
Las siguientes páginas contienen minibiografÃas de algunos de los integrantes y cantantes de la Sonora, en muchos casos con información que no aparecÃa en libros anteriores. En ocasiones, el uso de tantas voces hace que el autor tome posiciones erróneas. En la página 159, dice que es falso que a Celia no se le permitÃa regresar a Cuba. Se basa en la opinión de un lector expresada en un diario colombiano, de que solamente tenÃa que solicitar una visa para viajar a Cuba, y se la concedÃan automaticamente. Ni Celia, ni ningun cubano que abandono el paÃs podÃa regresar a este hasta que hace algunos años se cambió esa disposición, pero siempre con una autorizacion previa, que en el caso de Celia no se hubiera otorgado por sus opiniones polÃticas. Por la misma razón, me parece injusta la afirmación en la página 221 de que Pedro Knight y Celia Cruz estuvieron siempre al servicio de los exiliados cubanos en Miami y Nueva York. Creo que ambos actuaron siempre en función de sus propias creencias polÃticas, al igual que la señora madre de Knight, segun el autor, simpatizante del régimen castrista, actuó en función de las suyas. De eso precisamente se trata la democracia y la tolerancia.
En su matanceromanÃa, el autor en el capÃtulo 5 encuentra presencia jazzÃstica en la Sonora. Para sustentarlo hace una breve historia del jazz, analizando casos especÃficos del uso del mismo en grabaciones de la Sonora, según su opinión. En realidad, ha existido influencia del jazz y del pop americano en todas las orquestas cubanas desde que empezaron a surgir jazz bands en Cuba en la década de los diez. Curiosamente el caso mas importante de influencia jazzÃstica en la Matancera no es incluÃdo por el autor. Me refiero a la grabación del tema Dragnet que aparece en el CD Cubanacan 1707 de la Sonora en vivo.
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