Alfredo Naranjo

Latin Beat Magazine, Nov, 2002 by Elmer Gonzalez

El percusionista Alfredo Naranjo forma parte de una generación de músicos venezolanos que intentan demostrarle al mundo la riqueza musical de su país y el potencial de crecimiento y difusión que tienen los ritmos afrovenezolanos.

Al igual que otros países del Caribe, Venezuela siempre ha sido generosa al abrir las puertas a las corrientes rítmicas de otras regiones. Con los grandiosos carnavales de la década de los años 60, la música popular afroantillana entró para quedarse en las preferencias de los venezolanos. Tito Rodríguez, Puente y esa influencia arrolladora de los ritmos cubanos, entre otros factores, contribuyeron al ambiente musical cosmopolita de una Venezuela que también se entusiasmo por el rock y el pop internacional.

Desde hace varios años, varios músicos de la tierra del "Alma llanera" realizan una labor meritoria al rescate de sus raíces. Entre ellos está Alfredo Naranjo, quien, lejos de ser un folklorista, es un visionario con raíces nacionales.

Naranjo nació en Caracas el 28 de enero de 1967. Es el único músico de su familia. Es hijo y hermano de melómanos con gustos eclécticos que cubren desde los boleros de Tito Rodríguez hasta arias operáticas. Desde niño estudió percusión sinfónica. Por sus interés en los aspectos armónicos y melódicos, encontró en el vibráfono el instrumento idóneo para combinar sus inquietudes percutivas y armónicas.

En una entrevista que nos ofreció en San Juan de Puerto Rico, el artista nos habló de su trabajo en el cual es evidente sus interés por las expresiones afrovenezolanas. Su propuesta incluye elementos del jazz, del "Worldbeat" y de los ritmos afroantillanos. "Creo que el mundo está deseoso de explorar sonidos nuevos. Por ejemplo: los músicos de hoy están explorando, más que nunca, los sonidos orientales", nos dijo.

En cuanto a los artistas venezolanos, asegura que muchos han encontrado en sus raíces folklóricas la forma de salir de los modelos rutinarios de la música latinoamericana. "Los músicos venezolanos hemos sentido la necesidad de integrar a nuestro trabajo las raíces musicales de expresiones auténticas corno el joropo o el vals venezolano. Se está creando una conciencia de preservar nuestra música y aportar desde nuestra perspectiva geográfica con el lenguaje del jazz y de la música mundial" dice, añadiendo que, al igual que Cuba y Brasil, los cuales han resaltado su música, expandiendo sus raíces, "le corresponde a Venezuela hacer lo mismo".

Entre su discografía, la cual se caracteriza más por su calidad que por su cantidad, el disco Vibraciones de Mi Tierra (Latin World, 1999) es el mejor ejemplo de la madurez musical de Naranjo. En el mismo se muestra las inquietudes creativas del artista en la búsqueda continua de puntos de intersecciones y tangencias musicales entre ritmos y lenguajes de diferentes latitudes y épocas. Su acervo cultural se manifiesta en su trabajos. "No es sólo un asunto de mezclar ritmos" nos dice. "Tiene que estar presente el amor y el gusto que tenemos por nuestra música; de ese gusto por la riqueza rítmica afrovenezolana", declara.

Por su amor a su país, por su reconocido dominio del vibráfono y por su exquisito sentido de la melodía y la armonía, Alfredo Naranjo sigue demostrando que hay que contar con Venezuela cuando se habla de buenos artistas que saben sacar lo mejor de esa herencia musical tan preciosa con la que cuenta el Caribe.

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