Los Bravos De La Tumbadora: De La Havana A Nueva York Y Mas Alla

Latin Beat Magazine, Nov, 1998 by Luis Tamargo

El voluminoso tambor makuta de origen bantú ha sido identificado como un posible antepasado del abarrilado tambor cubano de ejecución manual denominado tumbadora en su tierra natal y mejor conocido en otras comarcas como conga (un término más fácil de pronunciar para los gringos de lengua trabada). Las tumbadoras vienen en tres tamaños -la gruesa y auténtica conga, el mediano tres por dos y su hermano más pequeño, el quinto, encargado de expresar los patrones rítmicos más elaborados (mientras las otras dos mantienen el ritmo fundamental).

Algunos cubanos no consideran que ese quinto de tono agudo es una verdadera tumbadora. No es sorpresa que en el Diccionario de la Música Cubana de Helio Orovio se encuentren anotaciones separadas para las palabras tumbadora y quinto.

A pesar de su remoto ancestro africano, debe clarificarse que la tumbadora, al igual que el bongó, no hubiera podido ser desarrollada sin las técnicas manufacturadoras y la materia prima europea, incluyendo los barriles de vino español. Por lo tanto, la tumbadora es tan mulata como Cecilia Valdés.

MOFORIBALE AL FOLCLO

Al principio, las tumbadoras desempeñaron un papel mayormente folclórico en Cuba. Cuando el género afrohispánico de la rumba surgió en La Habana y Matanzas, se tocaba inicialmente en cajas de bacalao o de velas, las cuales se transformaron eventualmente en los llamados cajones. Tales instrumentos improvisados fueron remplazados (al menos parcialmente) por las tumbadoras, las cuales se empleaban también en la comparsa, esa especie de ballet ambulante que se especializa en el ritmo de la conga (que no debe ser confundido con el tambor epónimo).

Aunque ya no está confinada a empeños folclóricos y ritualísticos, las funciones tradicionales de la tumbadora han sido preservadas por una amplia gama de artistas comprometidos con esa causa, lo mismo en la isla que en el extranjero. En 1952, por ejemplo, el colectivo rumbero Los Muñequitos de Matanzas fue fundado (bajo el nombre original de Guaguancó Matancero) en un renombrado templo del dios Baco de dicha ciudad portuaria. Desde entonces, la agrupación se ha incrementado numericamente hasta llegar al total de 14 percusionistas, vocalistas y bailarines que dominan el panorama completo de la rumba, así como la música litúrgica de origen yoruba, brícamo y abacuá.

Seis años despues, los hermanos Abreu - Luis, Alfredo, Jesús y Ricardo - formaron el cuarteto vocal/percutivo Los Papines en Los Pocitos, el mismo barrio habanero donde nació Chano Pozo. Menos amarrados a la tradición que sus antedichos colegas matanceros, Los Papines cubren un repertorio afrocubano que combina los tradicionales estilos rumberos con elementos musicales contemporáneos.

Siguiendo la ruta establecida por Los Muñequitos y Los Papines, varias agrupaciones folclóricas de la época castrista han mantenido vigente esas tradiciones percutivas. A partir de 1960, el grupo Clave y Guaguancó (bajo la dirección del babalao Amado Dedeu) ha cultivado diferentes modalidades rumberas. Por otra parte, Pancho Quinto y su piquete Añag 7 grabaron una variable muestra rítmica de rumba, batá, iyesá y abacuá en el CD En el Solar La Cueva del Humo (Roundworld, 1997).

En 1955, el debut discográfico del tumbador Ramón "Mongo" Santamaría para el sello Tico (Changó, reeditado como Drums and Chants por Fania en los años 70), fue el primer álbum folclórico afrocubano grabado en el extranjero, A propósito, existe una controversia relacionada con esta sesión, en la cual figuró prominentemente un amigo de la infancia de Mongo que también era oriundo del barrio habanero de Jesús María, el fallecido percusionista Silvestre Méndez, quien luego alegó que había sido engañado maliciosamente cuando le aseguraron que iba a figurar como protagonista principal de esa grabación, en lugar de Mongo. Se ha documentado que Méndez (autor de Yiri Yiri Bon, El As de la Rumba y otros estandáres cubanos) ya estaba tocando tres tumbadoras es ese tiempo.

En cierta forma, Mongo y Méndez propiciaron la propuesta posterior de Patato y Totico, una sesión estelar dirigida en Miami por el tumbador Carlos "Patato" Valdés y el cantante de rumba Eugenio "Totico" Arango. Engalanado con el tres de Arsenio Rodríguez y el contrabajo de Israel López Cachao, el LP Patato y Totico se convirtió en un suceso histórico a mediados de los años 60, al menos estre los estusiastas de la música tradicional cubana en los Estados Unidos.

Una década y media despues, Totico organizó una agrupación folclórica, en conjunción con su director musical y perito del quinto, Orlando "Puntilla" Ríos, quien había llegado recientemente a traves del puente marítimo Mariel-Cayo Hueso (y no debe ser confundido con el percusionista panameño Luis "Puntillita" Kant). Integrado mayormente por percusionistas cubanos y puertorriqueños de Nueva York, Totico y sus Rumberos grabaron su álbum epónimo para el sello Montuno. Esa sesión se engalanó, entre paréntesis, con el bajo audaz de Andy González y las vocalizaciones deleitosas de Encarnación Pérez.

 

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